PUERTO LÁPICE

Población del más puro estilo manchego, puerta de entrada de la provincia de Ciudad Real y un lugar de pintoresca belleza en el que sus calles y sus casonas, adornadas con rejerías, constituyen su principal atractivo. Su topónimo proviene de su emplazamiento en un paso entre las estribaciones de los Montes de Toledo, y de […]

Población del más puro estilo manchego, puerta de entrada de la provincia de Ciudad Real y un lugar de pintoresca belleza en el que sus calles y sus casonas, adornadas con rejerías, constituyen su principal atractivo.

Su topónimo proviene de su emplazamiento en un paso entre las estribaciones de los Montes de Toledo, y de la piedra lapícea que compone su subsuelo. Se cree que fue fundada por los romanos. En la Edad Media, formaba parte del alfoz de Consuegra, cedido este por el rey Alfonso VIII a la Orden de San Juan de Jerusalén, quien repobló el lugar. En el año 1774 el rey Carlos III  le concede la independencia como villa.

Las diversas y típicas ventas, todavía conserva tres de las cuatro que tenía, hacen honor a su antiguo nombre Ventas del Puerto Lápice, que Cervantes inmortalizó en su obra. En una de ellas, llamada precisamente Venta de Don Quijote, y que sigue abierta, las gentes del lugar dicen que bien hubiera podido ser armado caballero el hidalgo manchego. Además se conserva la Posada del Rincón, construida sobre los restos del Castillo del Foso, donde según la tradición se alojó el emperador Trajano, y la de Dorotea Jiménez, que Azorín menciona en su Ruta de Don Quijote, convertidas en viviendas particulares.

Las Ventas son una construcción típicamente manchega, levantadas en torno a un patio central, con pozo, abrevadero y espacio para carros, con soportales, establos para las caballerías, mesón y habitaciones para pernoctar. Ideadas para el descanso de los viajeros y sus caballerías. Como el resto de la arquitectura manchega los muros de las Ventas estaban blanqueados y los patios empedrados.

En el cerro de la Sierrecilla, alejados del núcleo de la población, en un lugar mágico para los amantes de la literatura y la historia, se han recuperado dos molinos de viento que contribuyen a acentuar la imagen de la que este municipio ha hecho su razón de existir, la estampa manchega y su retrato en el Quijote.

 

Fuente: http://www.rutaquijote.es